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Familias empresarias en el fútbol: lo que cuatro dinastías enseñan sobre gobernanza, sucesión y legado

3 jul
10 min de lectura

Actualizado: hace 5 días

La Juventus, el Udinese, el Manchester United y el Inter de Milán tienen más en común que su relevancia en el fútbol mundial. En distintos momentos de su historia, familias empresarias en el fútbol controlaron estos clubes y tuvieron que afrontar cuestiones relacionadas con la sucesión, el poder, la profesionalización de la gestión y la preservación de su legado.


Con el ambiente del Mundial de fútbol como telón de fondo, dirigí mi atención hacia este aspecto menos conocido del fútbol. Más allá de lo que ocurre sobre el terreno de juego, estos clubes reflejan dilemas comunes a prácticamente todas las empresas familiares: cómo preservar la identidad construida por el fundador sin impedir la renovación; cómo preparar a la nueva generación para asumir responsabilidades; y cómo conciliar el valor emocional del patrimonio familiar con la racionalidad necesaria para administrarlo eficazmente.


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El fútbol es uno de los deportes más populares del mundo, pero también una industria de dimensiones extraordinarias. Durante la temporada 2024/2025, los veinte clubes con mayores ingresos del mundo generaron, en conjunto, 12.400 millones de euros, sin incluir los ingresos procedentes de los traspasos de jugadores.


Detrás de esos ingresos existen estructuras societarias, relaciones familiares, decisiones sucesorias, disputas por el control y patrimonios cuyo significado trasciende ampliamente su valor contable.


Algunos clubes fueron adquiridos como simples inversiones. Otros se transformaron en símbolos de la identidad y la continuidad de una familia.


Es en este punto donde el fútbol deja de ser únicamente un deporte para ofrecer valiosas lecciones sobre gobernanza familiar.


La familia Agnelli y la Juventus: legado y control familiar


La relación entre la familia Agnelli y la Juventus comenzó en 1923, cuando Edoardo Agnelli, hijo del fundador de Fiat, asumió la presidencia del club. Posteriormente, otros miembros de la familia, como Gianni, Umberto y Andrea Agnelli, también ocuparon la presidencia. Más de un siglo después, este vínculo sigue siendo uno de los más duraderos entre una familia empresaria y una organización deportiva.


La Juventus no puede entenderse únicamente como una participación societaria dentro del patrimonio familiar. La longevidad de esta relación permite considerar al club como parte de la historia pública, la reputación y el legado de la familia Agnelli.


Esta distinción es fundamental en la gobernanza de las familias empresarias. Determinados activos se conservan principalmente por su capacidad para generar rentabilidad económica. Otros poseen un valor histórico o simbólico que influye en la manera en que la familia toma decisiones, invierte y ejerce el control.


El desafío surge cuando la preservación del legado comienza a competir con la necesidad de renovación, profesionalización y rendición de cuentas de los órganos de gestión.


¿Hasta qué punto debe la identidad familiar influir en las decisiones empresariales? ¿Cómo proteger un activo simbólico sin convertirlo en algo inmune a la revisión, al cambio o a la crítica? ¿Y quién debe decidir qué sigue formando parte del legado familiar y qué no es más que una resistencia al cambio?


El caso Agnelli demuestra que un sistema eficaz de gobernanza familiar debe organizar no solo la propiedad, sino también el significado atribuido a los activos más relevantes de la familia.


En el artículo dedicado a la familia Agnelli analizaré cómo se construyó esta relación centenaria, cuál es el papel de Exor en la organización del control familiar y qué riesgos surgen cuando una empresa acaba confundiendo su identidad con la de sus propietarios.


La familia Pozzo: sucesión y transmisión del modelo de negocio


Gianpaolo Pozzo se convirtió en accionista mayoritario del Udinese en 1986. Décadas más tarde, su hijo, Gino Pozzo, asumió un papel central en los negocios futbolísticos de la familia y pasó a controlar el Watford, en Inglaterra.


Este caso resulta especialmente interesante porque la continuidad familiar va mucho más allá de la mera transmisión de la propiedad de las acciones. El éxito de la familia Pozzo se ha construido sobre conocimientos altamente especializados del mercado del fútbol, la captación y evaluación de jugadores, la formación de plantillas y la gestión de clubes que operan en contextos nacionales diferentes.


Este tipo de patrimonio resulta mucho más difícil de transmitir que la propiedad formal.


Las participaciones societarias pueden transmitirse mediante contratos, donaciones, testamentos o procesos de reorganización patrimonial. Sin embargo, la experiencia, la capacidad de juicio, las redes de contactos y el conocimiento acumulado no pasan automáticamente de una generación a otra.


Un sucesor puede heredar el control de la empresa y, aun así, no disponer de las competencias necesarias para dirigirla eficazmente.


Este constituye un problema recurrente en la sucesión de las empresas familiares. Muchas familias dedican un gran esfuerzo a planificar la transmisión de la propiedad, pero prestan mucha menos atención a la transmisión del conocimiento, a la preparación de las nuevas generaciones y al establecimiento de procesos que reduzcan la dependencia del fundador.


Cuando una parte sustancial del modelo de negocio depende de la experiencia personal de un único individuo, la empresa puede ser transferida jurídicamente sin estar verdaderamente preparada para garantizar su continuidad.


El caso Pozzo plantea, por tanto, una cuestión fundamental: ¿cómo transformar el conocimiento del fundador en una capacidad propia de la organización, en lugar de mantenerlo como un activo estrictamente personal?


En el artículo dedicado a la familia Pozzo analizaré la expansión de sus negocios futbolísticos, el reparto de funciones entre padre e hijo y los desafíos que supone preservar la coherencia de un modelo empresarial familiar que ha evolucionado hasta operar en distintos mercados.


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La familia Glazer y el Manchester United: control, deuda y legitimidad


La familia Glazer adquirió el Manchester United en 2005 mediante una operación altamente apalancada, conocida como leveraged buyout (LBO). En este tipo de adquisición, una parte significativa del precio de compra se financia mediante deuda garantizada con los propios activos y la estructura financiera de la empresa adquirida.


Antes de la operación, el Manchester United no tenía un endeudamiento significativo. Tras la adquisición, sin embargo, el club pasó a soportar una deuda sustancial directamente vinculada al cambio de control. Posteriormente, la operación fue examinada por el Parlamento del Reino Unido como un ejemplo de los riesgos que las adquisiciones altamente apalancadas pueden representar para los clubes de fútbol.


Sin embargo, el debate va mucho más allá de las cuestiones financieras.


La familia adquirió el control jurídico de una organización con un enorme valor económico, histórico y social. Desde entonces, la forma en que ese control ha sido ejercido ha sido cuestionada por grupos de aficionados y por otras partes interesadas en el futuro del club.


Este caso pone de manifiesto una distinción fundamental en materia de gobernanza: la propiedad y la legitimidad no son lo mismo.


La propiedad confiere derechos económicos y políticos. La legitimidad, en cambio, depende de la forma en que se ejercen esos derechos, de las consecuencias de las decisiones adoptadas y del nivel de confianza que los accionistas de control son capaces de generar entre quienes mantienen una relación con la organización.


Tras el fallecimiento de Malcolm Glazer, el control familiar pasó a ejercerse mediante estructuras vinculadas a sus seis hijos. Más recientemente, la entrada de INEOS como inversor minoritario y su participación en las operaciones deportivas del club han añadido una nueva capa a la distribución del poder dentro del Manchester United.


La existencia de sociedades, trusts, consejos de administración y pactos entre accionistas no constituye, por sí sola, una garantía de buena gobernanza.


Estos mecanismos deben definir con claridad quién ostenta la autoridad para tomar decisiones, qué intereses deben tenerse en cuenta, cómo serán supervisados los administradores y qué límites se impondrán al ejercicio del control.


Una estructura societaria puede ser jurídicamente válida y financieramente sofisticada y, aun así, generar conflictos de legitimidad, problemas de rendición de cuentas y tensiones entre los propietarios y la propia organización.


En el artículo dedicado a la familia Glazer analizaré la adquisición apalancada, la sucesión entre los descendientes de Malcolm Glazer, la entrada de INEOS y la diferencia entre controlar jurídicamente una institución y ser reconocido como su legítimo custodio.


La familia Moratti e Inter de Milán: sucesión y liderazgo de la nueva generación


Angelo Moratti presidió el Inter de Milán durante uno de los periodos más exitosos de la historia del club. Bajo su liderazgo, el equipo conocido como La Grande Inter conquistó dos Copas de Europa consecutivas, en 1964 y 1965.


Décadas más tarde, su hijo, Massimo Moratti, restableció la vinculación directa de la familia con el club. Asumió la presidencia por primera vez en 1995, permaneció en el cargo hasta 2004 y volvió a ocuparlo entre 2006 y 2013. Durante sus mandatos, el Inter conquistó dieciséis títulos.


En 2010, quince años después de que Massimo Moratti asumiera por primera vez la presidencia, el Inter ganó la Serie A, la Coppa Italia y la Liga de Campeones de la UEFA en la misma temporada. De este modo, se convirtió en el primer club italiano en lograr el triplete continental y en el sexto club europeo en alcanzar este hito.


No se trata de afirmar que la segunda generación superara a la primera. Los contextos históricos, las competiciones y las condiciones económicas eran completamente distintos.


El aspecto más relevante reside en el peso del legado recibido.


Massimo Moratti no heredó únicamente una posición de liderazgo. También heredó la memoria de una gestión extraordinariamente exitosa y la expectativa de reproducir los resultados asociados al nombre de su padre.


Este constituye un desafío habitual en las familias empresarias. El sucesor debe respetar el camino construido por las generaciones anteriores, pero también necesita suficiente autonomía para tomar sus propias decisiones, desarrollar su propio estilo de liderazgo y responder a un entorno empresarial muy diferente del que afrontó el fundador.


Cuando los sucesores se limitan a reproducir las decisiones del pasado, corren el riesgo de dirigir una empresa que ya no existe. Por el contrario, cuando rompen completamente con la historia familiar, pueden destruir los elementos que sostenían la identidad y la cohesión de la organización.


La continuidad depende del criterio para reconocer qué debe preservarse y de la libertad para transformar aquello que ha dejado de ser útil.


En el artículo dedicado a la familia Moratti analizaré cómo Massimo construyó su propia legitimidad, cuáles fueron las decisiones que marcaron su etapa al frente del Inter y qué revela la posterior salida de la familia sobre los límites financieros y emocionales de la preservación de un legado.


Lo que las familias empresarias en el fútbol enseñan sobre gobernanza familiar


Estas cuatro historias no ofrecen una fórmula universal para el éxito. El rendimiento de un club de fútbol depende de numerosos factores, entre ellos la capacidad financiera, la gestión profesional, la política de fichajes, la regulación, el liderazgo y las condiciones competitivas.


Sin embargo, estos casos demuestran que las familias empresarias en el fútbol ofrecen valiosas enseñanzas sobre la gobernanza familiar y sobre desafíos que trascienden el ámbito deportivo.


La familia Agnelli ilustra lo que ocurre cuando un activo pasa a formar parte de la identidad de una familia.


La familia Pozzo demuestra que la sucesión exige la transmisión de capacidades y conocimientos, no únicamente de la propiedad.


La familia Glazer pone de manifiesto que el control jurídico no garantiza, por sí solo, la legitimidad ni una buena gobernanza.


La familia Moratti demuestra que la nueva generación debe construir un liderazgo propio sin perder de vista el legado que ha heredado.


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Estos mismos desafíos están presentes en grupos industriales, empresas de servicios, explotaciones agrícolas, holdings patrimoniales, negocios inmobiliarios y organizaciones controladas por familias en una amplia variedad de sectores.


En todos estos contextos, la continuidad depende de la existencia de estructuras de gobernanza capaces de organizar la relación entre la familia, el patrimonio y la empresa.


Esto exige definir quién puede participar en la gestión, qué criterios deben orientar la elección de los sucesores, cómo se resolverán las discrepancias entre los socios, qué decisiones requieren aprobación colectiva y qué activos tienen una relevancia estratégica o emocional para la familia.


También exige distinguir los roles de heredero, propietario, administrador y miembro de la familia. Estas posiciones pueden coexistir en una misma persona, pero no implican los mismos derechos, responsabilidades ni competencias.


La gobernanza familiar no elimina los conflictos. Lo que hace es crear las condiciones para que las discrepancias se gestionen de forma previsible, legítima y compatible con la preservación de la empresa, el patrimonio y las relaciones familiares.


Cuando estas cuestiones se posponen, las decisiones estratégicas pasan a depender de expectativas implícitas, relaciones personales y luchas de poder. Aquello que podría haberse organizado mediante reglas claras termina decidiéndose bajo la presión de una crisis.


En los próximos artículos analizaré por separado cada una de estas familias para comprender cómo estructuraron el control, afrontaron la sucesión y gestionaron las tensiones entre patrimonio, identidad y gestión profesional.


Porque, tanto en el fútbol como en las empresas familiares, un legado no se preserva únicamente con buenas intenciones. Necesita estructura, criterios claros y una buena gobernanza.


Si su familia empresaria se enfrenta a dudas relacionadas con la sucesión, la distribución del poder, la profesionalización de la gestión o la preservación del patrimonio familiar, el mejor momento para abordar estas cuestiones es antes de que se conviertan en un conflicto.


Agende una consulta estratégica para evaluar qué estructuras de gobernanza se adaptan mejor a la realidad de su familia y de su empresa.


Preguntas frecuentes sobre la gobernanza en las empresas familiares


¿Qué es la gobernanza familiar?

La gobernanza familiar es el conjunto de normas, órganos y procesos destinados a organizar la relación entre la familia, el patrimonio y la empresa. Define cómo se tomarán las decisiones, quién podrá participar en la gestión, cómo se preparará a los sucesores y cómo se resolverán las posibles discrepancias.


¿Cuál es la diferencia entre la sucesión patrimonial y la sucesión en la gestión?

La sucesión patrimonial consiste en la transmisión de participaciones sociales, acciones, inmuebles y otros bienes a la siguiente generación. La sucesión en la gestión implica preparar a las personas para asumir funciones de liderazgo y adoptar decisiones estratégicas. Una familia puede organizar jurídicamente la transmisión de su patrimonio sin preparar adecuadamente a quienes deberán administrar la empresa o los bienes familiares.


¿Por qué la profesionalización puede generar conflictos en una empresa familiar?

La profesionalización modifica los roles, los criterios de selección y las relaciones de poder. Cuando no existen reglas de gobernanza previamente acordadas, la incorporación de directivos profesionales, la creación de consejos de administración o la implantación de objetivos de gestión pueden percibirse como una pérdida de influencia, autoridad o identidad familiar.


¿Cuándo debería una familia empresaria estructurar su sistema de gobernanza?

La estructura de gobernanza debe implantarse antes de que surja una crisis, especialmente cuando intervienen varias generaciones, existe una elevada concentración patrimonial, la empresa está creciendo, se incorporan nuevos familiares a la propiedad, surgen discrepancias sobre la distribución de beneficios o es necesario preparar a los futuros sucesores.


Un legado necesita estructura


La sucesión rara vez se convierte en un conflicto de un día para otro. Mucho antes de que se produzca la ruptura, suelen aparecer señales de advertencia: funciones mal definidas, decisiones excesivamente concentradas, herederos sin preparación, desacuerdos sobre la distribución de beneficios y expectativas familiares que nunca se han debatido de manera abierta.


La gobernanza proporciona el marco necesario para organizar estas cuestiones antes de que la urgencia termine dictando las decisiones.


Si su familia necesita establecer reglas de decisión, preparar la transición generacional, profesionalizar la gestión o estructurar la relación entre el patrimonio, la empresa y los futuros herederos, una consulta estratégica puede ayudarle a identificar los puntos de vulnerabilidad y los mecanismos de gobernanza más adecuados para su realidad.


Haz una consulta estratégica.

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